El tobillo está formado por tres huesos, la
tibia y el peroné en la parte inferior de la pierna, y el
astrágalo, uno de los huesos grandes en la parte posterior
del pie, encima del tobillo. La articulación del tobillo
permite mover el pie hacia arriba y hacia abajo en relación
a la parte inferior de la pierna, mientras que las
articulaciones interiores del pie permiten sus movimientos
laterales.
Como en otras articulaciones del cuerpo humano, las
superficies de los huesos que forman la articulación están
recubiertas normalmente con cartílago liso, que permite que
los huesos se deslicen uno sobre el otro. El tobillo soporta
una fuerza de aproximadamente cinco veces el peso del cuerpo
al andar normalmente. El cartílago de la articulación del
tobillo amortigua los huesos, de forma que el tobillo
funciona suavemente y sin dolor.
La artritis puede afectar al cartílago
hasta el punto de que la cantidad restante no es suficiente
para permitir un deslizamiento suave de los huesos y se
produce contacto entre éstos, lo que puede ser muy doloroso.
Hasta hace relativamente poco tiempo, había pocas opciones
para el tratamiento de pacientes con artritis del tobillo.
La única opción quirúrgica demostrada era la artrodesis (fusión)
del tobillo, técnica con la que los huesos del tobillo son
fusionados. Esta operación alivia el dolor en un tobillo
artrítico, pero deja la articulación totalmente inmovible.
Esta cirugía consiste en quitar el cartílago dañado de los
huesos del tobillo, y fijarlos con tornillos. El tobillo es
cubierto con un yeso durante un período de hasta doce
semanas para permitir que los huesos fusionen entre sí.
Aunque el tobillo no puede moverse, las demás articulaciones
del pie no son afectadas. La artrodesis del tobillo permite
a los pacientes caminar sin cojear y sin dolor, y hacer
actividades físicas de alto impacto, por consiguiente es una
intervención apropiada para los pacientes jóvenes y activos.
El diseño de las primeras prótesis de
tobillo no dió buenos resultados, pero en los últimos diez
años un grupo de cirujanos especializados han empezado a
ofrecer el reemplazo de tobillo como una opción de
tratamiento a pacientes seleccionados, usando una nueva
generación de prótesis de tobillo. Aunque esta intervención
nunca será tan popular como los reemplazos de cadera o de
rodilla, existe una evidencia creciente de que las nuevas
prótesis de tobillo están dando mucho mejores resultados.
Al igual que en los reemplazos de cadera o
rodilla convencionales, el reemplazo de tobillo consiste en
substituir las superficies dañadas de los huesos con dos
componentes metálicos, uno en el extremo distal de la tibia
y otro en la parte superior del astrágalo. Entre los dos
componentes metálicos se coloca un inserto “plástico” que,
de hecho, reemplaza al cartílago y permite que los huesos
puedan deslizarse suavemente entre sí.
No todos los pacientes con artritis de tobillo son aptos
para un reemplazo de tobillo. Como en los reemplazos
convencionales de cadera o de rodilla, el inserto de
polietileno de la prótesis de tobillo se desgastará
gradualmente con el transcurso de los años y, en la mayoría
de los casos el fallo de este inserto será la causa de que
la prótesis tenga que ser extraída o “revisada”, normalmente
con una artrodesis de tobillo. Es probable que el inserto se
desgaste más rapidamente en los pacientes jóvenes y activos
que en los pacientes de edad con un menor nivel de actividad.
En los pacientes con un tobillo muy rígido
o deformado, frecuentemente el reemplazo puede no ser la
mejor opción, y la artrodesis o fusión puede ser un
tratamiento más apropiado y dar mejores resultados a largo
plazo.
Uno de los pioneros del reemplazo de tobillo en el Reino
Unido, el Dr. Peter Wood, FRSC, del Hospital de Wrightington
en Wigan, Inglaterra, ha publicado los resultados de una
serie de 200 reemplazos de tobillo en pacientes con artritis
reumatoidea. Estos estudios usan la “supervivencia” como el
parámetro para las prótesis de reemplazo, es decir, el
número o cantidad de pacientes que no han requerido ninguna
intervención desde que les hicieron el reemplazo de tobillo.
Este estudio ha demostrado una supervivencia de 92% a cinco
años y de 87% a ocho años.